Exolunas, los objetos escondidos del Cosmos.

 En nuestro Sistema Solar, tan sólo dos de los ocho planetas no tienen lunas. Incluso planetas enanos como Plutón tienen lunas, un total de cinco: Caronte, Hidra, Estigia, Cerbero y Nix. Durante estos meses hemos estado publicando entradas sobre exoplanetas, aquellos cuerpos que no orbitan entorno al Sol. Y si unimos ambos enunciados, surge una pregunta: ¿existen exolunas?
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Recreación de un exoplaneta con sus exolunas.
(Fuente: www.google.es)

Lo más probable, por estadística, es que existan, que estén ahí orbitando alrededor de infinidad de planetas, y cuyos tamaños podrían variar desde un cuerpo como Fobos hasta uno como Marte. ¡Eso sí que sería una superluna! Lo que la mayoría define como luna es un satélite natural que orbita alrededor de un planeta que a su vez orbita alrededor de una estrella. Sin embargo, esta no acaba de ser una definición exacta, ya que una vez que lo extrapolamos al resto del espacio empieza a cojear. Hace un par de años, los científicos descubrieron un exoplaneta que no orbita ninguna estrella, es decir, un planeta que está vagando por el Cosmos para la eternidad. Por ahora, su existencia no está confirmada, debido a que podría tratarse de una enana marrón: una estrella pequeña y fría que se puede confundir con exoplanetas gaseosos gigantes. Entonces, si descubrimos un cuerpo orbitando a su alrededor, ¿la podemos considerar una exoluna?
Debido a casos como este, la Unión Astronómica Internacional (UAI) ha redefinido luna como todo cuerpo que gira entorno a otro cuya masa es inferior a la necesaria para que pueda fusionar deuterio (átomo de hidrógeno formado por un protón y un neutrón en el núcleo y un electrón), es decir, que gire alrededor de algo diferente a una estrella. La masa crítica de fusión equivale unas 13 veces la de Júpiter, aunque este dato es relativo. Desgraciadamente, los científicos todavía no han sido capaces de detectar alguna exoluna.
A día de hoy sólo tenemos una sospechosa que orbita alrededor de un planeta gaseoso gigante, formando el sistema MOA-2011BLG-322LB. Sin embargo, ni siquiera el exoplaneta ha sido confirmado. Al igual que pasa con el planeta vagabundo, el gigante gaseoso de MOA-2011BLG-322LB puede ser una enana marrón. Se trata de un cuerpo con anillos unas 7,8 veces más masivo que Júpiter y en el caso de que sea un exoplaneta, se trataría del cuerpo más grande de este tipo jamás descubierto. Además, tiene un diámetro de 250 veces la Tierra.
Normalmente, los científicos pueden estudiar durante mucho tiempo un sistema hasta detectar el exoplaneta o la exoluna que andan buscando. Pero este no es el caso. La exoluna sólo se pudo detectar brevemente (sin confirmar) durante un extraño fenómeno llamado microlente gravitacional. Para aquellos que no nos suelan seguir, la lente gravitacional es el fenómeno que se produce cuando un cuerpo lo suficientemente masivo pasa por delante de otro que emite luz y desvía la trayectoria de los rayos luminosos; es decir, una aplicación de la relatividad general de Einstein. El ejemplo más conocido de lente fue el eclipse de 1919, aquel que se usó para confirmar esta teoría. Un grupo de astrónomos, liderados por Sir Arthur Eddington, viajó hasta la isla de Príncipe, frente a la costa de la Guinea Africana, donde observaron una lente gravitacional. Para no estar entrando en detalles, sólo decir que, durante el eclipse, la posición aparente de las estrellas cambió debido a la desviación de los haces de luz, lo que confirmaba la teoría de Einstein. Actualmente, los astrónomos usan este método para detectar desde agujeros negros hasta exoplanetas.
Cuando aplicamos la microlente a la detección de exoplanetas, también entra en juego un factor llamado tránsito. Esta sería la tercera entrada seguida en la que explico qué es el tránsito, por lo que me lo voy a saltar. Imaginemos dos estrellas que se alinean desde la posición del observador. La que está situada en primer plano, alrededor de la cual gira el exoplaneta, desvía los rayos de luz de la estrella situada al fondo. Y es aquí donde entra el tránsito. Cuando un exoplaneta orbita por delante de su estrella, la intensidad de su luz se reduce, fenómeno que es detectado gracias a telescopios como el Kepler y estudiado por los científicos para detectar estos cuerpos. Si entorno a la estrella que actúa de lente orbita un cuerpo, los científicos pueden descubrirlo debido a las variaciones en la luz.
Ahora bien, puede que el objeto en primer plano no sea un astro, sino un planeta. En este caso, la exoluna produciría el tránsito y la variación en la intensidad luminosa. Esto fue lo que detectaron los científicos en 2014.
Desgraciadamente, los astrónomos sólo tuvieron un mes para estudiar estos datos, el tiempo que tardó la microlente en desaparecer. Con la tecnología actual es muy difícil tomar medidas que permitan confirmar una exoluna, pero, si nos fijamos en nuestro Sistema Solar, lo más probable es que existan. La estadística así lo dice. La tecnología ha avanzado a pasos agigantados y, por lo tanto, la astronomía también lo ha hecho así. Ahora sólo queda esperar. Aunque, como en todo, la mente se ha adelantado y ya está pensando en posibles exolunas con vida.
En el Sistema Solar existen varias candidatas a albergar vida: Encélado, Europa, Titán, entre otras. Todas son lunas de planetas gaseosos, concretamente de Júpiter y Saturno. Encélado y Europa son conocidas por sus océanos subterráneos a temperaturas lo suficientemente altas para que el agua esté líquida, una factor importante para la vida. En caso de existir vida, microscópica probablemente, se trataría de un tipo de bacterias que no necesitan ni calor ni luz para sobrevivir. Al tratarse de un océano subterráneo, está claro que no tendrían acceso a la luz del Sol. En la Tierra, existen algunas bacterias que viven a gran profundidad y que son capaces de sobrevivir gracias al calor que emana del manto de nuestro planeta, algo que no ocurre ni en Encélado ni en Europa, directamente porque no existe. Por ello, los científicos no tienen muy claro si sería posible otro tipo de vida bacteriana, pero la presencia de agua da muchas esperanzas. En el caso de Titán ocurre algo diferente, no hay agua, sino metano líquido, Aunque suene más a ciencia ficción que a otra cosa, la ciencia no descarta que se hayan desarrollado formas de vida (bacteriana) cuyo recurso indispensable sea el hidrocarburo. Pero eso ya es otro tema que abordaremos más adelante.
¿Y qué tiene que ver todo esto con las exolunas? Primero, situémonos. Como ya os debéis imaginar, en el Universo existen infinidad de exoplanetas (por ahora se han descubierto unos 4000) y muchos de ellos son más grandes que la Tierra o incluso que Júpiter. Al ser más grande el planeta, puede ser que la luna que lo orbita también lo sea, alcanzando incluso tamaños como el de Marte. Queridos lectores, esta es la mejor baza de los científicos. Se sabe que el planeta rojo tuvo grandes masas de agua líquida en su superficie y existe la posibilidad de que también vida. ¿Y si Marte no se hubiese convertido en un planeta árido, debido a la desaparición de su atmósfera? ¿Y si hoy en día tuviésemos vecinos espaciales? Esto es lo que podría pasar en algunas exolunas, Tierras habitadas que giran alrededor de planetas y no de estrellas. Tal como se ha visto en numerosas obras de ciencia ficción. ¿Os imagináis vivir en una luna cuyo cielo esté dominado por un gigante gaseoso? Seguramente sería una imagen espectacular, algo que no podremos disfrutar hasta descubrir candidatos y desarrollar la tecnología necesaria para llegar vivos a esos destinos tan alejados de nuestro hogar, la Tierra.

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